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Áloe vera, el pan nuestro de cada día

Áloe vera, el pan nuestro de cada día

Todavía se sorprenden muchas personas cuando les propongo comer áloe vera y cuando me ven comer un trozo de la pulpa sus caras son de lo más interesante y divertido, pasando del asombro, al asco y en la mayoría de los casos a decirme, ¿puedo probar?, a lo que yo contesto; «claro, cómo no».

Lo cierto es que la primera vez en mi vida que me metí un trozo de la pulpa del áloe vera en la boca no lo pasé nada bien, pues cometí un gravísismo e imborrable aprendizaje…lo mastiqué, no lo hagáis al menos en vuestra primera experiencia comiendo áloe vera.  Si conocéis cómo es la textura del áloe una vez pelado, ya sabéis que contiene grandes cantidades de un mucílago, con excelentes propiedades como emoliente, suavizante y laxante suave, pero al masticar un trozo de la pulpa del áloe todo ese mucílago sale de las células que lo contienen y ya os imagináis la «curiosa», por decirlo suave, sensación que se va a producir en la boca, cómo gestionar todo ese moco mucilaginoso puede ser un problema. Así es que os propongo mostraros en este artículo cómo comer el áloe vera y «no morir en el intento», y sobre todo por qué es bueno o puede ser beneficioso para nuestra salud comerlo.

Gel de áloe vera, listo para comer
Gel de áloe vera, listo para comer
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Qué es el Áloe vera y qué propiedades medicinales nos ofrece

Qué es el Áloe vera y qué propiedades medicinales nos ofrece

¡Sigamos aprendiendo de esta generosa y humilde planta medicinal el Aloe vera o Aloe barbadensis Miller! Premitidme que comience esta segunda parte sobre el Aloe con unas palabras que se le atribuyen a Mahatma Gandhi cuando a la pregunta de su biógrafo el escritor francés Romain Rolland, sobre cuáles eran las fuerzas que lo sostenían en sus largos ayunos, Gandhi le relata:

«Si me preguntas cuáles son las fuerzas que me sostuvieron durante mis largos ayunos, te diré que han sido mi inquebrantable fe en Dios, mi estilo de vida simple y frugal y el áloe, cuyos beneficios descubrí a mi llegada a sudáfrica a finales del siglo XIX» Gandhi.

Efectivamente, el áloe es una planta originaria de África que se ha extendido por muchas partes del mundo gracias en parte a sus importantes propiedades y a su adaptabilidad a condiciones de vida hostil. Pero, ¿os preguntáis qué es el áloe? ¿Es un cactus, es una cebolla? Veréis os digo «cebolla», porque hasta no hace mucho tiempo botánicamente hablando estaba clasificada dentro de la familia de las Liliáceas, a las que pertenecen también los ajos y las cebollas, entre otras plantas. Pero el estudio del genoma de la planta ha trasladado al áloe a la familia botánica de las Xanthorrhoeaceae, junto con otros conocidos géneros de plantas como los Asphodelus, muchas de ellas, son bulbosas, carnosas…

El áloe, ciertamente no es un cactus, no es un ágave, planta con la que a veces se confunde pero que no tiene nada que ver, por cierto en otra ocasión os hablaré del Ágave cuyos usos y aplicaciones son también muy interesantes.

El áloe es una planta xerófita (soporta vivir con escasez de agua), suculenta, perenne, acaule, con hojas dispuestas en roseta basal, pudiendo llegar a medir de 35 a 70 cm de longitud y unos 8 a 10 cm de ancho en su parte basal, tiene unas espinas que se prolongan longitudinalmente por los laterales de las hojas, interesante mecanismo de defensa frente a los herbívoros, junto al sabor amargo de su cozteza.

Aloe barbadensis Miller
Aloe barbadensis Miller
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