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De cuernos, agallas y cojones

Siempre me sorprende la naturaleza con sus formas, colores y aromas. Si a ello le sumamos las peculiares relaciones que se establecen entre los diferentes seres vivos de un medio o lugar las posibilidades de asombro crecen.

Os cuento esto porque  cuando me encontré por primera vez estas curiosas protuberancias en las hojas o ramitas de diferentes arbustos, mi curiosidad me llevó a mirar en su interior, tal y como haría un niño, ¿verdad? y dentro encontré diferentes tipos de insectos. ¡Impresionante!

 

Agalla de Pistacia lentiscus L causada por el pulgón Aploneura lentisci

Agalla de Pistacia lentiscus L. causada por el pulgón Aploneura lentisci

Las siguientes preguntas que me hice fueron muchas, como por ejemplo: ¿qué hacen ahí esos insectos?, ¿por qué se ha desarrollado esa curiosa forma en la planta? ¿qué insectos son? ¿quién ayuda a quién? ¿cómo se llaman esos extraños bultos o deformaciones? Y sobre todo una pregunta clave por la que sigo disfrutando e investigando:  ¿son de alguna utilidad medicinal, o tradicional?

Lo primero que averigüé es que reciben popularmente el nombre de “agallas”. Y enseguida vino a mi mente la expresión popular “tener agallas” … ¡vaya!, no me digáis que no tenéis curiosidad por saber si hay alguna relación entre “tener agallas viscerales” y las “agallas vegetales” que podemos ver en determinados árboles o arbustos.

La palabra “agalla” deriva del latín “galla” que Covarrubias define como: “vicio que echan los árboles, como los robles, redondo, a manera de bodoques o bolas pequeñas” y Corominas define como: “excrecencia que se forma en el roble”.

Antes de seguir relacionando la agalla, especialmente de algunos tipos de Querqus (robles)  con la expresión “tener agallas”, quizás esta imagen os ayude a imaginar la respuesta, aunque hay que adelantar que es una relación metafórica y sutilmente eufemística.

 

Agallas de Querqus suber o alcornoque

Agallas de Querqus suber o alcornoque

 

La metáfora reside en que la forma redonda de la “agalla” asemeja un “testículo” y el eufemismo nos ha llevado a emplear la expresión “tener agallas” en vez de “tener cojones”, pues puede resultar, como de hecho así lo considera el DRAE, malsonante la palabra “cojón” y nos propone cambiarla por “agalla”. ¡Qué os parece? Claro está que hay quien usa las dos expresiones y todo dependerá de la ocasión y el contexto. También la palabra “agalla” se emplea haciendo referencia a las amigdalas y a las agallas o branquias de los peces.

Si os preguntáis entonces el por qué en el título de este artículo digo ” De cuernos y agallas”, creo que estas imágenes os van a dar sobrada e interesante respuesta. Se trata de las agallas que se forman en el arbusto Pistacia terebinthus L. o “cornicabra”, por la acción del pulgón Baizongia pistaciae.

Agallas de Pistacia terebinthus o cornicabra

Agallas de Pistacia terebinthus o cornicabra

Agallas de Pistacia terebinthus o cornicabra

Agallas de Pistacia terebinthus o cornicabra

Sigamos contestando a las preguntas que me he ido haciendo desde el descubrimiento de estas agallas. Yo las comparo con las “habas” o “inflamaciones” que nos aparecen en la piel tras la picadura por ejemplo de un mosquito. El veneno queda en una zona de nuestra piel que es la que se inflama y así no se extiende por todo el cuerpo. De la misma manera cuando los insectos pican la planta con la intención de depositar sus huevos, la planta reacciona generando esta “agalla” o “tumor vegetal” en la que queda encapsulada la puesta de diversos tipos de insectos y una vez eclosionan de sus huevos, se van alimentando dentro de la agalla e incluso de ella. Terminado su ciclo van saliendo de ella a través de  perforaciones, como podréis observar en las redondas y grandes agallas de robles.

 

Agalla de roble con orificio de salida del parásito

Agalla de roble con orificio de salida del parásito

 

Las agallas sirven de alimento y cobijo para los insectos que han provocado esa reacción en la planta, pero a su vez el árbol o arbusto evita que el daño provocado por el insecto se extienda por toda la planta. Incluso sirven de alimento a otros insectos que se introducen en la agalla y se comen al primer inquilino. Impresionante, ¿verdad? Siguen los científicos tratando de dar respuesta sobre quién beneficia a quien, en esta relación entre la planta y su huésped. ¿Vosotros qué pensáis?

Los insectos que provocan estas agallas son muy diversos, también pueden ser producidas por artrópodos, nematodos e incluso bacterias. Por ejemplo las agallas del roble son provocadas generalmente por insectos del grupo de los los himenópteros Cynípedos (familia Cynips), que pican los brotes tiernos. Otros tipos de insectos inductores de agallas son los pulgones, como los que os muestro en esta imagen de hace muchos años de una agalla de Pistacia terebintho o cornicabra, así como dípteros (moscas), psílidos, hongos (Gymnosporangium), bacterias (Agrobacterium tumefaciens), virus e incluso otras plantas, como sucede con los muérdagos (Viscum).

Agalla de Pistacia terebinthus L. con el pulgón Baizongia pistaciae

Agalla de Pistacia terebinthus L. con el pulgón Baizongia pistaciae

Usos tradicionales, medicinales y otros de las agallas

Toca ya tratar de dar respuesta a las posibles utilidades que el hombre ha podido dar a estas agallas vegetales. Desde luego es muy interesante aprender de los mayores, que son los sabios cuya riqueza y conocimiento popular podemos rescatar y cultivar para las generaciones presentes y futuras.

Las agallas de los robles, conocidas también como “gallaritas” por la zona de Castilla y León,  tienen una gran riqueza en taninos  (principios activos que provocan aspereza, constricción y sequedad) y esto las ha hecho especialmente útiles como mordientes para fijar los colores en el teñido de fibras vegetales y para la obtención durante miles de años de la “tinta ferrogálica” jugando un papel importante en la obtención del tinte negro, que tanto auge tuvo a partir del reinado de Felipe II, quien usaba el color negro por considerarlo austero y solemne llegando además a marcar el status social de quien lo vestía.

La medicina china las emplea para elaborar un remedio amargo y caliente conocido como “moshizi”, que es usado para tratar la disentería, las úlceras y las hemorroides.

Recientemente se ha comenzado a experimentar con las agallas de roble como posible recurso para la elaboración de pesticidas naturales, pues su formación en el árbol persigue en cierta manera este fin, aislar al “enemigo”. Es una investigación que se está haciendo desde el 2009, en la que investigadores de la Universidad de Misore en la India, emplean un extracto de las agallas de roble con efecto larvicida para tratar al Anopheles stephensi, una especie de mosquito causante de la malaria en las zonas urbanas.

 

Agallas de roble

Agallas de roble

Igualmente son muy ricas en taninos las agallas de lentisco, cornicabra y coscoja, siendo empleadas popularmente estas últimas (Querqus coccifera L,), para tratar diarreas y hemorroides. Dichas agallas, son provocadas  por un tipo de cochinilla conocida como Coccus ilicis y anteriormente como Kermes ilicis, y se han empleado para la extracción del colorante rojo carmesí.

Este pigmento “rojo carmesí” era muy apreciado por los romanos que lo empleaban para teñir la túnica de los cónsules del color púrpura, que se conocía como Toga Picta o Paludamentum,  empleada también por los comandantes militares. Con ella vistió Escipión el Africano en su entrada triunfal en Roma.

Agalla de Querqus coccifera L.

Agalla de Querqus coccifera L.

 

Agallas de Pistacia lentisucs provocadas or el pulgón Aploneura lentisci

Agallas de Pistacia lentisucs provocadas or el pulgón Aploneura lentisci

Son muchos los diferentes tipos de agallas, seguro que conocéis muchas más. Os muestro para terminar las agallas que producen los rosales silvestres, Rosa canina, al ser picados por una especie de avispa, Diplolepis rosae, una imagen que me recuerda nuestro paseo por las bellas rutas que jalonan el lago de Sanabria en Zamora.

Ana María Carvahlo, en su obra: “Plantas y sabiduría popular del Parque Natural de Montesinho, un Estudo Etnobotánico en Portugal”, nos cuenta esta interesante información sobre las agallas del rosal:

De  las típicas agallas de rosales silvestres, llamadas de “maçarocas, bolotas u ouriços”, se prepara una infusión para las diarreas de humanos y otrora de bovinos y animales domésticos. Para alivio de dolores musculares y reumatismo se emplea el líquido resultante de agallas y frutos macerados en aguardiente… (pág.232)

 

Agalla en rosal silvestre causada por la avispa Diplolepis rosae

Agalla en rosal silvestre causada por la avispa Diplolepis rosae

 

3 comments to De cuernos, agallas y cojones

  • José Durán Blanco

    alguien me comentó una vez (no recuerdo quien, cosas de la memoria) que las agallas de la cornicabra (Pistacia terebinthus) y lentisco (Pistacia lentiscus), con su color rojizo y formas espectaculares le servían para atraer a los insectos pues las flores eran poco vistosas, puede que no estuviera muy desorientado y que pueda ser éste un factor importante para que se considere una simbiosis beneficiosa mutua entre el huesped y el hospedador. Al igual que ocurre en las 2 especies citadas con anterioridad, podría ocurrir en otras especies, y que las AGALLAS sirvan como atractivos para los polinizadores de dichas especies.
    Gracias por compartir este didáctico articulo.

  • José Durán Blanco

    decir también que las agallas existen a nivel radicular (raices), y la gran mayoría de estas agallas si que son beneficiosas para la planta, como por ejemplo la mayoría de hongos que están en simbiosis con una planta y uno le proporciona al otro lo que necesita, e incluso, hay plantones que sin estas agallas radiculares producidas por la simbiosis con un hongo no sobreviven una vez que gasta la energía de la semilla

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