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Esto son habas contadas

habas del huerto ecológico de Corazón Verde

habas del huerto ecológico de Corazón Verde

“Esto son habas contadas” es una expresión popular que nos remite a las matemáticas, a la justicia, a la demostración de que lo que es obvio no necesita mayor explicación ni darle más vueltas. Basta contar las habas de color blanco y las tintadas. Si hay más blancas que tintadas, por ejemplo, el argumento o apuesta ligada a las blancas gana la votación y no hay más que hablar ni qué discutir. Me suena tener algo que ver con algo llamado democracia.

Ya os imagináis de qué planta os hablo, ¿no?. Pues sí, se trata de una hortaliza de la familia de las leguminosas que todos conocemos a nivel popular como “haba” y  cuyo nombre en latín es Vicia faba L.

Las habas , originarias de Asia y norte de África fueron consideradas durante mucho tiempo alimento de los pobres, como nos recuerda un refrán en latín: “fabas indulcat fames” que significa “el hambre endulza las habas” o como nos habrán dicho muchas veces nuestros abuelos, especialmente los que hayan pasado hambre: “al hambre no hay pan duro”. Y es que en el Imperio romano se cultivaban por doquier y se consumían de muy diversas maneras: verdes, secas y en harina a la que denominaban “lomentum”, con la que se llegaba a fabricar pan en tiempos de escasez de trigo. Formaban parte de la dieta de los gladiadores a los que aportaban una fuente extra de hidratos y proteínas, incluso parece que fortalecía el tejido muscular, evitando que los golpes en las luchas causaran heridas más profundas.

En Roma, era costumbre lanzar habas a los espíritus en la festividad del “Festival de los difuntos” y si una planta brotaba de alguna de las semillas de haba y una mujer las comía, ésta quedaba embarazada del espíritu que se alojara en la semilla.

Mata de habas del huerto ecológico de Corazón Verde

Mata de habas del huerto ecológico de Corazón Verde

Curiosamente a pesar de su abundante consumo entre los romanos y los griegos,  las habas no tenían muy buena prensa pues se creía que en ellas vivían las almas de los muertos y que no dejarían dormir a quien las ingiriera. En Grecia, la escuela de los pitagóricos tenían prohibido comer habas, a pesar de ser vegetarianos, pues  creían que en las semillas de las habas se encontraban la sangre y el espíritu de sus antepasados y si un hombre, no una mujer, comía una de estas semillas podía impedir que su antepasado volviera a nacer. El obispo de Niza, en el año 1750, prohibió que se sirvieran habas en su diócesis pues se creía que tenían efectos libidinosos y es que todo dependía del alma que viviese en la mata de haba que podía provocar hermosos sueños eróticos o pesadillas a quien las comiese. Hoy en día se sigue considerando el haba como un potente afrodisíaco.

Y si queréis ser reyes por un día sólo hay que encontrar el haba seca del tradicional Roscón de la noche de Reyes, tradición que Felipe V instauró en nuestro país como remate de las fiestas navideñas. En Francia este privilegio recaía siempre en los niños pobres del lugar. En Navarra, manteniendo la tradición que comenzó en la Edad Media, instaurada por la corte de los Teobaldos, se sigue celebrando el día de la fiesta del rey de la Faba. En sus comienzos los reyes ofrecían el día de la Epifanía una comida a los niños más pobres, a los que se les daba una porción de roscón en el que se había introducido un haba. El niño que la encontraba era entronizado con los fastos y honores de la corte, al grito de “real, real, real”. Esta costumbre se retomó en el siglo XX y desde 1964 se celebra como fiesta itinerante por varias localidades navarras.

Seguro que alguna vez os han dicho “estás faba” o nos lo hemos dicho a nosotros mismos aludiendo a estar torpe, despistado. Bien, pues este apelativo viene de una enfermedad denominada “fabismo”, que se manifiesta por detectarse hemoglobina en la orina y que desarrollaban personas que comían las variedades de habas forrajeras, como Vicia faba var. equina o Vicia faba var. angustifolia, que contienen unas aminas tóxicas. Afortunadamente las habas que nos comemos hoy las personas han sido seleccionadas para hacer desaparecer su toxicidad.

En la Comunidad Valenciana es tradicional emplear las flores de la mata de habas en infusión  con un potente efecto diurético, para prevenir la retención de líquidos, a razón de 10gr de flores por un cuarto de litro de agua. Aplicar paños calientes con la decocción de sus hojas es eficaz para eliminar forúnculos, diviesos y panadizos (inflamación flemonosa en los dedos de pies y manos).Y popularmente se cree que llevar un haba encima alivia el dolor de espalda, remedio que se le atribuye también a las castañas bordes.

 

Flores de habas, del huerto ecológico de Corazón Verde

Flores de habas, del huerto ecológico de Corazón Verde

En gastronomía, las habas, son todo un manjar que podemos comer de muy diversas maneras. Cuando las habas o legumbres son muy tiernas las podemos comer como las judías o bajotas, enteras, hervidas o troceadas y revueltas con huevo.    En casa preparamos un delicioso plato con habas muy tiernas, aprovechando la vaina entera, que se trocea, se saltea ligeramente en aceite, se agrega una pizca de agua y se le estrellan unos huevos, se remueve todo un poco y listo para “mojar pan” y chuparse los dedos.

Una vez el haba bien desarrollada y antes de granarse del todo, las podemos disfrutar crudas en ensaladas. Son también  ingrediente imprescindible en las tradicionales recetas valencianas como la paella negra con habas y alcachofas, paella de verduras y arroz al horno con habas. Una forma sencilla de paladear las dulces habas aún tiernas y recién cogidas de la huerta es comiéndolas con rico pan casero, aceite y bacalao.

Pan, aceite, habas y bacalao

Pan, aceite, habas y bacalao

Y cuando las habas están secas, lo que nos permite conservarlas durante meses, se cocina un rico plato con ellas típico de la gastronomía de Murcia y de la Vega Baja Alicantina que se conoce con el nombre de “michirones”, para el que se ponen a remojo las habas secas la noche anterior y se guisan con cebolla, laurel, hueso de jamón y chorizo.

 

 Semillas ecológicas de habas

Semillas ecológicas de habas

Los sabios y expertos agricultores conocen muy bien los beneficios del cultivo de habas para el suelo y otros cultivos cercanos, de manera que es fácil encontrar las habas sembradas en filas entre almendros, oliveras y naranjos y es que las habas son muy apreciadas en agronomía por su poder para mejorar las tierras de cultivo, al fijar el nitrógeno atmosférico gracias a la acción simbiótica entre micorrizas (hongos microscópicos del suelo) y las raíces de las matas del haba.

Nuestro refranero está lleno de elogios a su efecto beneficioso sobre la tierra y los cultivos:

“Si me quieres estercolar, hazme que lleve un habar”.

“En las habas lo verás la cosecha que tendrás”.

“Buenos los habares, buenos los trigales”.

Nódulos de micorrizas en raíces de habas

Nódulos de micorrizas en raíces de habas

 

 Y si las habas son buenas para los humanos, el suelo y las variedades forrajeras para el ganado, ¡cómo no iban a serlo para los insectos a los que aportan polen, néctar y como es el caso de este coleóptero (Oxythyrea funesta) algún que otro bocado directo de los pétalos del la flor!

Coleóptero Oxythyrea funesta en flor de haba

Coleóptero Oxythyrea funesta en flor de haba

 

7 comments to Esto son habas contadas

  • Paco Amador

    Una buena entrada.
    Por el sur son muy estimadas y sobre todo en Granada las habitas frita con jamón y un par de huevos fritos es un manjar, también se hace un guiso con habas secas, un potaje con habichuelas (judias blancas) al que no es necesario echarle nada de carne solo la legumbre y verduritas. Y otro uso común que yo veía a mi abuela hacer, es que cuando las gallinas se ponían cluecas y estaban engüerando los huevos, les hacían tragar habas secas (creo que 21) porque decía que así les ayudaban a dar calor. Una humilde planta que es más valiosa de lo que creemos.

  • Monica Nita

    Muchas gracias! La verdad es que hemos plantado habas en la huerta, pero, como en mi país de origen no existen, quería buscar información sobre esta planta y sobre los platos que se pueden cocinar con ella. Así que…en lugar de buscar información, la información me ha buscado 🙂

    • ¡Gracias a ti Mónica por leer esta aportación sobre una hortaliza humilde y generosa!
      Precisamente buscando información sobre la gastronomía en torno a las habas, encontré una forma de comerlas que no cuento en el artículo pero que me parece fascinante a la par que sencilla.
      Se trata de recolectar las vainas tiernas y hacerlas a la plancha o mejor aún, asadas a la lumbre, por supuesto la vaina entera sin pelar y luego comerlas con la riquísima salsa “romesco” que es la misma que se emplea para los calçots, una especie de cebolla tierna que se come asada. ¡Total un riquísimo manjar! Si no tienes la receta de la salsa te la paso.

      ¡Para chuparse los dedos!

      Un abrazo!

  • María Concepción Elduque

    Ole, por la entrada de mi compi!!!! Me da mucha satisfacción ver como, poco a poco, se va instaurando de nuevo el Latín y una estupenda historiografía latina en nuestra vida!!! jajaja
    Gracias por tu completa ilustración sobre las “fabas”, que por cierto yo comencé a comer en mi niñez gracias a la presencia en mi vida de mi abuela materna, quien vivió con nosotros hasta su fallecimiento, cuando yo contaba 9 años de edad. Ella era de Gádor (en las Alpujarras almeriense) y nos enseñó a amar todos los productos del campo, con una particular pedagogía ( todo lo que hay en el plato se come), después de explicarnos (desde su sabiduría popular) las propiedades que tenía el producto en cuestión. Las habas (tiernas) las cocinaba también, como habéis dicho: troceadas (con vaina y todo); salteadas con cebolla; luego añadía un poco de agua y las dejaba cocer unos minutos. Si había jamón serrano (hablo de los años 50)…. se añadía, y también se estrellaban huevos; una salteadita…. y a disfrutar. A mí, personalmente, me encantaban y me siguen encantando!!!!
    Un abrazo

    Concha

    • ¡Gracias Concha!
      Justo esa receta la aprendí de mi suegra que nació en Martos, uno de esos pequeños bellos pueblos andaluces, concretamente de Jaén.
      ¡Gracias por ese bello trocito de tu vida que compartes y por contagiarme tu pasión: el latín! Bueno en realidad es una de tus muchas pasiones.

      Un abrazo!

  • Elizabeth Valenzuela González

    Hola a todos es sorprenderte ir metiendote a la tierra y sus bellezas, riquezas, tesoros que cada dia conocemos y queremos disfrutar
    un abrazo
    ubuntu desde el otro lado del charco

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